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Hay algo profundamente paradógico en el destino del arte mesopotámico: nació entre los ríos Tigris y Eúfrates, pero hoy su corazón late en vitrinas a miles de kilómetros. las obras que fueron orgullo de templos y palacios ahora reposan en Londres, París o Berlín, lejos del polvo de Irak. Esta entrada del blog no pretende juzgar, aunque cuesta no sentir cierta melancolón, sino recorrer ese mosaico disperso que hoy mantiene viva la memoria de Sumer, Acad, Babilonia y Asiria.
| Figura 1: Adorador masculino de pie. Arte sumerio. Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Foto: CC0 |
El British Museum: el eco de Nínive y Babilonia
Si hubiera un lugar donde el pasado mesopotámico parece concentrarse, sería el British Museum de Londres. Allí se conservan algunos de los relieves más impresionantes del palacio de Asurbanipal en Nínive, incluida la célebre "Caza del león", un conjunto que todavía impresiona por su fuerza narrativa.
Entre las piezas más destacadas también está el Cilindro de Ciro, considerado por algunos el primer texto de los derechos humanos, y los colosales lammasu, toros alados con cabeza humana que custodiaban las entradas de los palacios asirios.
El propio museo reconoce la ambigüedad de su papel y sus opiniones respecto a devolver obras ha ido variando en función del director que estuviera al mando. BBC(2020): "nuestra misión es conservar y hacer accesible la herencia común de la humanidad, aunque gran parte de ella haya llegado aquí en contextos coloniales". Pero lo cierto es que hay decenas de miles de objetos de maneras supuestamente poco transparentes. ¿Conservar o apropiarse? Esa pregunta sigue flotando entre los pasillos.
| Figura 2: Relieves del palacio asirio de Nínive. Sala 9 del British Museum. Foto: CC BY-SA 3.0 |
| Figura 3: Cilindro de Ciro. Sala 52 del British Museum. Foto: Kaaveh Ahangar CC BY-SA 3.0 |
El Louvre: los orígenes del arte y del mito
En París, el Museo del Louvre alberga tesoros que nos devuelven al amanecer de la civilización. En la sección de Antigüedades orientales se encuentran joyas como el Código de Hammurabi, grabado en diorita negra con las leyes del rey babilonio (siglo XVIII a.C.), y las estatuillas votivas sumerias de Tell Asmar, con sus ojos desmesurados dirigidos hacia lo divino.
El recorrido por el Louvre permite sentir cómo el arte mesopotámico deja de ser un conjunto de fragmentos para transformarse en un relato visual del nacimiento del poder, la escritura y la imagen religiosa. Como recuerda Jean Bottero (2004), "En Mesopotamia, la escritura, el arte y la religión no se separan nunca: son expresiones de una misma necesidad de eternidad".
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| Figura 4: Lamassu asirio. Museo del Louvre. Foto: Marie-Lan Nguyen - Dominio público |
| Figura 4: Código de Hammurabi. Museo del Louvre. Foto: Mbzt CC BY 3.0 |
El Museo de Pérgamo: la reconstrucción del azul babilónico
Pocos espacios provocan una impresión tan intensa como la sala de la puesta de ishtar en el Museo de Pérgamo en Berlín. los muros de ladrilllos vidriados, desmontados y trasladados desde Babilonia a comienzos del siglo XX, se alzan hoy en una reconstrucción monumental que deja sin aliento.
Pero su belleza encierra una historia compeja. Los arqueólogos alemanes dirigidos por Robert Koldewey desmontaron la puerta original entre 1899 y 1914, enviando miles de fragmentos a Alemania. Hoy, Irak reclama parte de ese patrimonio.
El contraste entre el esplendor azul y la distancia cultural que lo separa de su origen plantea una reflexión incómoda: ¿a quién pertenece el pasado?
Otros destinos del arte mesopotámico
No todo está en las grandes capitales. El Museo de Estambul de Arqueología conserva piezas claves de Ur y Lagash; el Museo de Irak en Bagdad, pese a los saqueos sufridos, sigue siendo el guardián legítimo del legado mesopotámico; el Metropolitan Museum of Art de Nueva York guarda estelas y sellos cilíndricos que completan el puzzle.
Curiosamente, algunos fragmentos menosres se encuentran en universidades o colecciones privadas, fruto de las expediciones del siglo XIX que trocearon literalmente los palacios asirios. Cada ladrillo, cada relieve dispersos en vitrinas, cuenta la historia de un mundo antiguo y de un mundo moderno que quiso poseerlo.
Entre la memoria y la pérdida
Quizá la mayor paradoja sea que el arte mesoporámicos, creado para exaltar la permanencia del poder, ha sobrevivido precisamente gracias a su desplazamiento. Si no hubiera sido trasladado, muchas de esas piezas se habrían perdido entre guerras, expolio o abandono. Aún así, la pérdida simbólica es evidente: ver el Código de Hammurabi bajo la luz del Louvre no es lo mismo que verlo en la llanura donde fue escrito.
Como escribe Zainab Bahrani (2013), "El patrimonio no es solo materia, sino también contexto: cuando se arranca del suelo que lo generó, se convierte en sombra de sí mismo". Y sin embargo, es en esa sombra donde seguimos aprendiendo a mirar, a preguntarnos por la historia y por nosotros mismos.
Bibliografía
Pfoh, E. (2007). Notas sobre el saqueo de antigüedades en Irak y la memoria de Occidente. Relaciones Internacionales. http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/9932
Bahrani, Z. (2013). Women of Babylon: gender and representation in Mesopotamia. Routledge.
National Geographic Historia (2023). La destrucción y saqueo de los tesoros culturales de Irak durante la guerra. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/destruccion-saqueo-tesoros-culturales-iraq-durante-ocupacion_19334

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