ARTE ASIRIO |
En esta entrada del blog tenemos que imaginar que caminamos por un corredor estrecho, con muros que parecen moverse a nuestro alrededor. Los relieves se extienden como una película antigua, tallada hace casi tres mil años, donde cada figura parece avanzar hacia el mismo destino: la victoria del rey asirio. Estamos en el palacio de Nínive, capital del imperio de Asurbanipal (siglo VII a.C.), y lo que vemos no es simple decoración. Es una historia grabada en piedra, una narración política diseñada para que ningún visitante, ni aliado, ni enemigo, olvidara quien mandaba en el mundo.
| Guardias de Asurbanipal. Bajorelieve del palacio de Nínive. Museo del Louvre, Paris. Dominio Público. |
Contexto
Nívive fue una de las ciudades más importantes, más grandes y más antiguas de la antigüedad. Geográficamente corresponde con el actual Mosul, al norte de Irak. Fue la capital del imperio asirio en su apogeo en el siglo VII a.C. Fue un centro cultural y religioso, y allí también estaba la biblioteca de Asurbanipal (Mark, J.J., 2011).
El palacio real de este gobernante era uno de los edificios principales de Nínive; este tenia en las paredes de diferentes estancias ceremoniales y administrativas decoradas ricamente con paneles de piedra de yeso (alabastro). Estos se colocaron uno tras otro formando frisos a lo largo de las paredes de esas estancias que tenían decenas de metros lineales. Aunque no hay cifras exactas, los arqueólogos estiman que el palacio estuvo decorado con cientos de paneles.
![]() |
| Figura 1: Ilustración artísica de Henry Layard sobre cómo sería el Palacio de Nínive. 1853. Dominio público. |
El poder del relato visual
Los asirios no escribían novelas, ni hacían cine, pero sabían narrar. Su muros eran sis pantallas. En ellos se representaban batallas, cacerías y ceremonias reales con un detalle obsesivo: flechas que vuelan, soldados que caen, caballos que relinchan.
En las salas del palacio de Asurbanipal, descubiertas en el siglo XIX por Austen Henry Layard, los visitantes eran conducidos por un itinerario donde las imágenes contaban una historia coherente: la del soberano vencedor, protector de los dioses y garante del orden. Era una forma de educación visual: el arte al servicio del poder, literalmente.
| Bajorelieve de la caza del toro. Museo de Pérgamo, Berlín. Foto: Ealdgyth CC BY 3.0 |
La caza del león: un teatro de poder
Entre todos los relieves de Nínive, los de la caza del león son los más célebres. A primera vista, parecen escenas deportivas; pero representan una ceremonia ritual de control sobre el caos.
El león, símbolo de fuerza salvaje, era liberado en un recinto cerrado para ser abatido por el rey. La escena repetida en paneles sucesivos, muestra la progresión del enfrentamiento: el animal ruge, es herido, agoniza... mientras el monarca mantiene la compostura divina.
No es una simple anécdota de caza. Es una lección política: el rey domina el desorden y restablece el equilibrio cósmico, como Marduk al vencer al dragón Tiamat en los mitos babilónicos. Uno de los elementos que más destaca al visualizarlos es la diferencia entre las posturas del león: tensas, dinámicas, trasmitiendo energía y movimiento, algo que contrasta con el rey cazador que muestra serenidad, que jamás pierde el control.
![]() |
| Bajorelieve de Asurbanipal cazando un león. Hallado en el palacio norte. Hoy en el British Museum. Dominio público. |
Narrar el imperio: batallas, rios y ciudades
Otras series de relieves narran campañas militares: el asedio a ciudades, los botines, los cautivos. Las líneas del relato fluyen como un cómic primitivo: los personajes se repiten en secuencia, la historia avanza de izquierda a derecha o de abajo a arriba.
En la batalla de Til Tuba, por ejemplo, los relieves muestran ejércitos, flechas, prisioneros y rios desbordados, con una maestría que combina detalle documental y propaganda. La intención es clara: el visitante debía sentirse abrumado por la magnitud del poder asirio.
| Bajorelieve de las murallas de Nínive. British Museum. Foto: Antony Huan. CC BY-SA2.0 |
La piedra como discurso político
Las paredes de Nínive no solo contaban victorias: eran dispositivos ideológicos. Al relatar las hazañas del rey, reforzaban su papel como intermediario entre los dioses y los hombres. Incluso la disposición artquitectónica del palacio tenía un papel retórico: los relieves se situaban a la altura de los ojos para guiar al espectador en un recorrido controlado, donde cada escena se percibía en orden. Era una experiencia inmersiva, pensada para emocionar y convencer. Para Liverani M. (2005), la función de este este arte no era buscar la belleza simplemente, sino una imagen capaz de infundir temor, respeto y obediencia.
El eco de Nínive hoy
Los relieves de Nínive que sobrevivieron al saqueo y al tiempo se conservan en museos como el British Museum de Londres, el Museo del Louvre y el Museo de Irak en Bagdad. Su contemplación hoy tiene un doble filo: por un lado nos fascina su maestría técnica, pero también nos recuerda cómo el arte puede ser instrumento de poder. Sin embargo, en nuestra era, estas imágenes adquieren una nueva y dolorosa capa de significado.
Lejos de su tierra de origen, estos fragmentos de piedra se han convertido en embajadores silenciosos de una cultura extinta, pero también en recordatorios de una pérdida continua. El saqueo moderno y la destrucción deliberada de sitios arqueológicos en la región se repiten, de manera trágicamente irónica: la misma furia devastadora que los asirios representaban en sus muros: la del vencedor que busca borrar la imagen del vencido.
Así, los relieves de Nínive no solo narran la gloria de un imperio, sino que se erigen en un poderoso símbolo de la fragilidad del patrimonio humano. Nos interpelan directamente, preguntándonos qué estamos dispuestos a proteger hoy y cuestionando la dicotomía entre la admiración global por estas obras y la difícil tarea de preservar su contexto cultural. Finalmente, Su eco no es el rugido de los leones y los reyes, sino un lamento por todo el tiempo y la insensatez humana se han llevado consigo.
Bibliografía
Mark J.J. (2011). Nínive. World History Encyclopedia en español. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-294/ninive/Liverani M. (2005). El antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía. Barcelona: Crítica.
Bulley M. (1999). Arte antiguo y medieval. Biblioteca del Arte. Madrid. Edimat Libros.Cruz Martínez de la Torre, C., López Díaz, J., & Nieto Yusta, C. (2010). Historia del arte clásico en la Antigüedad. Editorial Universitaria Ramón Areces.
Bravo Castañeda, G. (2008). Historia del mundo antiguo. Una introducción crítica. Alianza Editorial.
Kriwaczek, P. (2011). Babilonia. Mesopotamia: la mitad de la historia humana. Editorial Ariel.
Bottéro, J. (2001). La religión más antigua: Mesopotamia. Editorial Trotta.


No hay comentarios:
Publicar un comentario